sábado, 7 de enero de 2012

SUSANA LAMAISON

SUSANA LAMAISON nació en Buenos Aires en 1947. Ha publicado los libros de poesía: Por la rama del paraíso (2002), Caerá otra lluvia (Haiku, 2007), Haiku para la vida (2011) y Como se van los pájaros (haiku,2011). Es una de las autoras del ensayo creativo Mantener el secreto (sobre El amateur, de Mauricio Dajub; 2001) y del libro homenaje: José Martínez-Bargiela - Apostillas de los amigos (2011).



EL TIEMPO

Y no sabía que existía el tiempo,
sólo que la hamaca subía y bajaba
en la plaza de Moldes.

Y no sabía que existía el tiempo,
sólo que los peces saltaban en el frasco
en el camino de regreso a casa.

Y no sabía que existía el tiempo,
sólo que caían las flores del jacarandá
las tardes de final de curso.

Y no sabía que existía el tiempo,
sólo que los jazmines de cabo
blanqueaban las noches de estío.

Y no sabía que existía el tiempo,
sólo que los pollitos rompían el cascarón
y rodeaban después el bebedero.

Y no sabía que existía el tiempo,
sólo que la torta de nueces
abría sus hojitas de azúcar cada año.

Y no sabía que existía el tiempo,
sólo que un día me llenaban los jarrones
con anémonas, claveles y alhelíes.

Y supe que existía el tiempo,
cuando un rayo partió el paraíso
y la leucemia se llevó a mi padre.

Y supe que existía el tiempo
cuando un amanecer de julio
quedé definitivamente huérfana.

Y supe que existía el tiempo
cuando mi disfraz de holandesa
le calzaba a mi hija mayor.

Y supe que existía el tiempo
cuando la universidad recibió
también a las dos más pequeñas.

Y supe que existía el tiempo
cuando acuné a mis nietos
y vi mis ojos en los suyos.

Y supe que existía el tiempo
cuando seis decenas imprevistas
me mostraron su señal en el espejo.

Y sé que existe el tiempo
porque soñé, amé, sufrí, perdí, gané
y sigo buscando la respuesta.



EL ABUELO EZEQUIEL

¿Matarife o peón de cementerio?,
aulló la loba surera.
Y el noble y pulcro gallego
eligió: ¿Muertos?, los animales…
Y le dieron un guardapolvo
y un silbato plateado.
Vigilador nocturno.
E iba como las reses
rumbo al degolladero.
Las monedas contadas
para cada tranvía
y una bolsita
de papel madera
con algún alimento.
Y veía los robos, las luchas,
los abusos y las delaciones.
Él, bondadoso y pródigo,
honorable, severo.
Bajo la luna fría
pasaban bestia y sangre,
y en las rías lejanas
en barcas de papel
versos de Rosalía
se hundían melancólicos.
Cartas de San Martín
y su Diario La Prensa,
el del otro Ezequiel,
y sus niñas,
sus rigores, sus sueños…

La pérdida que enferma
el disgusto que agrava
y la muerte
que le llega temprano
con avisos tristísimos,
y ese diminutivo
que horadaría el alma.

¿Matarife o peón de cementerio?
A él, el de las doce pasas
y los billetes nuevos para cada nietito.
El de la sonería de todos los relojes
El de la puerta abierta
El de la mesa grande
El de las rosas rojas
El de María Madre, mujer, hermana.
Ese tierno Peluco,
de los rizos castaños
y los ojos celestes,
apasionado, puro,
encaneció en un día
y se perdió en la bruma.
Confusa su cabeza
no encontraba su casa.
Una  empresa expropiada
Una familia rota
Los amigos ausentes
La memoria vacía
y la nada,
la nada.

1 comentario:

  1. ¡Me encantó "El tiempo"!, y a quienes se los hice leer, también. A mi juicio, Susana interpreta magistralmente a todos los que hemos perdido a nuestros padres, hemos visto a nuestros pequeños llegar a la Universidad, acunamos a los nietos, vimos las decenas imprevistas en el espejo... ¡y aún seguimos buscando la respuesta! Sinceras felicitaciones. Héctor.

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